El Pampepato di Ferrara es un pastel que tiene un pasado muy especial, condimentado con una pizca de gran historia y fragantes especias y donde la pimienta no tiene nada que ver. En el 1600 las monjas del Monasterio del Corpus Domini de Ferrara, inspirándose en una antigua receta del gran cocinero renacentista Cristoforo da Messisbugo, crearon un pastel para enviarlo a las grandes personalidades de la época. El cacao, que acababa de llegar a Europa en manos de Cortés, era un bien de lujo, destinado a unos pocos y se añadía como si fuera una joya, un polvo precioso. En forma de calabacín (una especie de galleta de calabaza), se adorna con almendras o avellanas muy finas, con sabrosas frutas confitadas, y se aromatiza con especias fragantes; la parte superior se cubre con chocolate negro. Así el rico pastel se convierte en el Pan del Papa. ¡Es fácil entender a quién se dedicó esta maravilla! Un lenguaje antiguo, poético y perdido lo convierte en Pampapato y Pampepato. Durante siglos los dos nombres han coexistido y la sustancia no ha cambiado. Es el postre de la Navidad, de las fiestas, es el postre que mejor representa la riqueza y el refinamiento de Ferrara. Es la tarta que con su intenso sabor y delicioso aroma recuerda la tradición de un territorio con muchas historias y sabores.