En 1552, se añadió al ya notable palacio de la Fraternita dei Laici un maravilloso reloj astronómico, probablemente el último del mundo al que se le da cuerda a mano. Fue construido por el maestro relojero Felice da Fossato, de quien se dice que fue cegado o incluso asesinado por los mecenas cuando se terminó la obra, para que no la reprodujera en otro lugar. El mecanismo de contrapeso, cuerdas de dos pisos de longitud a las que se atan rocas, mueve una sola manecilla, que indica las horas y las medias horas, y activa las varillas atadas a las campanas para anunciar el paso del tiempo. También mueve el Sol y la Luna, que giran alrededor de la Tierra, fijada en el centro según la visión ptolemaica; la Luna, una esfera negra y dorada, también gira sobre sí misma, para indicar al pueblo cuándo cosechar o sembrar según sus fases; la celda donde se encuentra el mecanismo se completa entonces con un reloj de sol, que puede utilizarse a mediodía todos los días del año, para regular la precisión de la indicación de la hora. El reloj de sol perdió su función original ya con la adición del péndulo, que limitó en gran medida los retrasos que de otro modo acumulaba el mecanismo original. Hay que dar cuerda al reloj diariamente. Una manivela especial rebobina las cuerdas con los contrapesos, generando así el movimiento de la máquina durante unos 500 años. Hoy se rebobina puntualmente a las 17 horas, con motivo de la visita guiada que comienza a las 16.30 horas.