
En 2010, durante casi dos meses, una columna de ceniza volcánica de varios kilómetros de altura paralizó el tráfico aéreo europeo, cancelando más de cien mil vuelos y bloqueando a millones de pasajeros en los aeropuertos. El responsable era un volcán islandés de nombre casi impronunciable — Eyjafjallajökull — que se eleva hasta 1.651 metros sobre la costa meridional de Islandia, cerca del pueblo de Skógar. Esa erupción, que comenzó el 14 de abril de 2010, no fue la más poderosa en la historia de la isla, pero la dirección de los vientos y la finura de la ceniza la hicieron extraordinariamente disruptiva para la aviación continental.

Hoy el volcán ha vuelto a estar en silencio, cubierto por un capuchón glacial que refleja la luz del sol nórdico en matices de blanco y azul. Caminar hacia su cima significa atravesar un paisaje que parece pertenecer a otro planeta: campos de lava solidificada cubiertos de musgo verde brillante, ríos glaciares con reflejos lechosos cargados de sedimentos, y valles esculpidos por milenios de erosión. Es una de las caminatas más espectaculares del sur de Islandia, accesible pero no trivial.
El recorrido: de la cascada Skógafoss a la capa de hielo

El punto de partida más común para la ascensión es Skógar, un pequeño asentamiento en la Ring Road (la Ruta Nacional 1) a unos 150 kilómetros al este de Reikiavik. Desde aquí parte un sendero que asciende por el flanco del volcán comenzando desde la base de la célebre cascada Skógafoss, de 60 metros de altura, cuya neblina permanente crea a menudo arcoíris visibles incluso desde lejos. El sendero coincide en parte con el famoso Fimmvörðuháls, la ruta de senderismo que conecta Skógar con Þórsmörk a través del paso montañoso.
Al subir, el paisaje cambia radicalmente cada cien metros de desnivel. Primero se atraviesan pastos verdes surcados por arroyos, luego se entra en una zona más áspera donde la vegetación se dispersa y la roca volcánica negra domina el panorama. Al acercarse a la capa de hielo del Eyjafjallajökull — que es en sí misma un glaciar que cubre la caldera superior — el terreno se vuelve inestable y resbaladizo. En algunos puntos es posible observar aún las huellas de la erupción de 2010: capas de tefra, la ceniza volcánica consolidada, visibles en las secciones de terreno erosionado.

La calota glacial y la caldera somital
Alcanzar la cima del volcán requiere equipo adecuado para el hielo y, en la mayor parte del año, el uso de crampones. La caldera está oculta bajo el glaciar somital, que se extiende por aproximadamente 100 kilómetros cuadrados. En condiciones de visibilidad óptima, desde la cima se pueden vislumbrar el glaciar Mýrdalsjökull al este — que cubre el volcán Katla, geológicamente relacionado con el Eyjafjallajökull — y el océano Atlántico al sur.

Es importante saber que el acceso a la zona glacial somital no es recomendable sin guía alpina. Varias agencias con sede en Skógar y Hvolsvöllur organizan tours guiados con salida matutina, que incluyen equipo y acompañamiento experto. El principal riesgo no es la actividad volcánica — el volcán está en estado de inactividad — sino las condiciones meteorológicas impredecibles y las grietas ocultas bajo la nieve.
Cómo llegar y cuándo ir

Skógar se puede alcanzar en coche recorriendo la Ring Road (Ruta 1) hacia el este desde Reikiavik: el viaje dura aproximadamente dos horas. No hay un servicio de autobús frecuente directamente hasta Skógar, pero algunas líneas estacionales conectan la costa sur durante los meses de verano. El mes ideal para la excursión es entre junio y agosto, cuando los días son muy largos y las condiciones del sendero son más estables. En invierno, el recorrido se vuelve técnicamente desafiante y no se recomienda sin experiencia en montañismo.
El trekking hasta la base del glaciar (sin subir a la caldera) requiere en promedio 5-7 horas de caminata de ida y vuelta, con un desnivel de más de mil metros. Es fundamental salir temprano por la mañana para evitar las tardes a menudo nubladas y tener un margen de seguridad en caso de retrasos. Llevar abundante agua, ropa impermeable por capas y botas de trekking resistentes es indispensable: el clima islandés puede cambiar en cuestión de minutos, incluso en pleno verano.
Consejos prácticos para vivir la experiencia al máximo
Cerca de Skógar se encuentra el Skógasafn, un museo folclórico al aire libre que recoge edificios tradicionales islandeses y también ofrece una pequeña sección dedicada a la historia geológica de la región, incluida la documentación de la erupción de 2010. Vale la pena visitarlo antes o después del trekking para contextualizar lo que se ve en el campo. La entrada al museo cuesta aproximadamente alrededor de 2.000 coronas islandesas, pero los precios pueden variar.
Quien desee dormir en la zona puede elegir entre el albergue de Skógar y algunas casas de huéspedes rurales a lo largo de la costa sur. Reservar con mucha antelación es esencial en los meses de verano, cuando la región está muy concurrida también debido a la cercanía de la cascada Skógafoss y al sendero Fimmvörðuháls. Caminar sobre el Eyjafjallajökull no significa solo hacer deporte: significa poner los pies sobre uno de los volcanes más conocidos de las últimas décadas, en un paisaje que aún lleva las marcas visibles de su potencia.
