De este anfibio, muy apreciado por su delicada carne, hay dos especies en Italia que son buenas para comer: la rana verde (Rana esculenta) y la rana común (Rana temporaria). Aunque es uno de los habitantes más populares de los estanques y pantanos del norte, la rana siempre ha golpeado la imaginación del hombre. De hecho, hay muchas creencias y proverbios relacionados con este animal. En el pasado se creía que las ranas nacían de la tierra fecundada por los chubascos de verano, o que eran concebidas por la lluvia directamente en el cielo. Fue en Italia y Francia donde durante la temprana Edad Media se estableció la costumbre de comer ranas, identificadas como un alimento pobre y escaso, cuya pesca se concedía libremente a los agricultores en zonas ricas en agua. Incluso hace unas décadas, multitudes de "ranari", incluso en el campo alrededor de Ferrara, vagaban por zanjas y pantanos en busca de estos pequeños animales. Por la mañana, cuando los sacos estaban llenos, se preparaban para ser consumidos frescos, marinados (fritos o hervidos) o conservados en sal. Hoy en día, las dificultades de suministro y de preparación (despellejar y limpiar) hacen de ellos un alimento bastante caro y poco común, para ser disfrutado casi exclusivamente en restaurantes.