La lenteja de Castelluccio tiene notables cualidades nutricionales: todas sus proteínas, vitaminas, fibra y sales minerales la hacen excelente para quienes necesitan una dieta rica en hierro, potasio y fósforo, baja en grasas y muy nutritiva. Otra característica importante de la lenteja Castelluccio es su piel fina y tierna, que permite cocinarla directamente sin remojo, lo que reduce enormemente el tiempo de preparación. Los largos, fríos y duros inviernos permiten a la tierra disfrutar de un largo descanso, protegida durante unos meses por un blanco manto de nieve.
Los inviernos de Castellucio son especialmente duros, comienzan a finales de noviembre y duran hasta marzo. En esta época, la nieve se derrite, dando lugar a una primavera de belleza incontenible.
Inmediatamente después de la primera luna nueva de la primavera, una vez que se ha derretido la nieve, comienzan los trabajos de arado para la siembra de lentejas.
En cuanto se termina de arar, se procede a la siembra de la lenteja. Los viejos agricultores, el primer día de mayo, recorren los campos y realizan ritos ancestrales para invocar la protección contra el fuego, las tormentas, las sequías y la langosta. Para sellar esta protección, plantan una pequeña cruz hecha con ramitas de olivo en cada campo, luego echan unos carbones benditos en el suelo, unas gotas de agua bendita y recitan una letanía a San Benito y Santa Escolástica. En esta época se produce la primera floración de los prados y pastos, miles de flores naturales florecen por doquier.
Al cabo de un mes, en junio, la tierra sembrada de lentejas florece con flores de todos los colores: la famosa floración de Castelluccio.
En julio tiene lugar la cosecha: las lentejas se disponen en montones y se dejan secar.
Luego, en agosto, se realiza la trilla.
En septiembre, las lentejas se llevan a la Cooperativa para ser envasadas y distribuidas.