Esta insólita cúpula-museo, alojada en un castillo neogótico, ofrece la extraordinaria oportunidad de entrar en la casa del capitán Enrico Alberto D'Albertis, su creador, que la donó a la ciudad a su muerte en 1932. Viajando por mar y tierra entre los siglos XIX y XX, encerró su propio mundo en un escenario romántico, entre "cámaras de maravillas", sugerencias marítimas, evocaciones colombianas y trofeos coloniales. Su castillo, documentado por los dibujos de construcción, es testigo de la fascinación que ejercen los mundos lejanos en su espíritu, imbuido de "genovesidad" y amor por el mar y de una curiosidad igual por lo desconocido y lo no probado. Las colecciones del museo, presentadas en una sucesión de salas amuebladas con "estilo" y caracterizadas por el gusto por el "revival", consisten en material etnográfico y arqueológico recogido en los cinco continentes por el capitán, al que se añaden las de su primo Luigi Maria, primer explorador del río Fly en Nueva Guinea (1872-1878). La entrada al baluarte del siglo XVI sobre el que se levanta el castillo abre un nuevo recorrido por otras adquisiciones no europeas realizadas por la ciudad en el último siglo, con hallazgos arqueológicos precolombinos procedentes de América Central y del Sur, material etnográfico procedente de Canadá donado por las Misiones Católicas Americanas tras ser expuesto en las celebraciones colombianas de 1892, revisado con una extraordinaria muestra de diseño a través del diálogo con las poblaciones de origen.