A la derecha de la puerta principal del Palazzo Vecchio, cerca de la Via della Ninna, se esconde el más famoso de los rastros seculares que han sobrevivido hasta hoy. Si observas cuidadosamente las piedras que forman la mampostería, puedes ver una especie de grabado: es el perfil de un rostro humano. La leyenda dice que este retrato que se acaba de dibujar en la fachada es obra de Miguel Ángel Buonarroti. Hay dos versiones diferentes sobre la génesis del curioso boceto, contradictorias entre sí pero ambas reconocidas por la tradición popular. La más famosa cuenta de un hombre que solía molestar al gran Buonarroti, molestándolo con preguntas aburridas y peticiones que molestaban al maestro. Un día el artista, equipado con un cincel, decidió retratar la cara de su molestador en la fachada del palacio florentino. Se dice que, incluso en esta ocasión, Miguel Ángel habría mostrado su extraordinaria habilidad: la leyenda cuenta que el artista, aburrido por la presencia del perturbador, decidió tallar el retrato con las manos a la espalda, fingiendo escuchar a su pedante interlocutor. Aunque algunos creen que es un autorretrato del famoso artista, el misterioso grabado ha pasado a la historia como "El Impedimento de Miguel Ángel". Otra versión informa en cambio que Miguel Ángel, al ver a un hombre condenado a muerte a punto de ser ejecutado, quedó profundamente impresionado por la expresión del hombre y decidió inmortalizar su rostro en la fachada. Debido al poco tiempo disponible, Buonarroti eligió esculpirlo en la piedra que tenía detrás.