El pozo etrusco representa la más monumental de las construcciones de infraestructura de agua en la ciudad. Fue construido en la época etrusca y tenía una doble función, como pozo y cisterna. Su posición coincidía con lo que era el eje de la ruta este-oeste que conectaba el arco del Arco de los Gigli con la puerta de la Puerta de San Lucas. La visita al pozo es complementaria de la visita al Museo de las Puertas y Murallas de la Ciudad, que ofrece más pruebas del nivel de desarrollo urbano alcanzado por Perusa durante el período etrusco. Construido con los mismos bloques de travertino que el cinturón mural, fue excavado en la llamada "tassello mandorlato"-una roca sedimentaria de grano grueso compuesta de fragmentos redondeados- que es típica de la ciudad. El pozo está compuesto por un pozo cilíndrico de más de 30 metros de profundidad con un diámetro máximo de 5,60 metros, que se estrecha mientras desciende como un embudo en la parte inferior. Presenta dos cerchas, "capriate", que sostienen su techo, cada una de ellas consta de cuatro grandes bloques de travertino -dos horizontales y dos oblicuos- sostenidos juntos por una clave central. Esta obra de ingeniería, cuya centralidad y monumentalidad no deja lugar a dudas en cuanto a su destino público de uso, data -basándose el juicio en las similitudes técnicas encontradas con el cinturón mural- del siglo III a.C. Su capacidad máxima se estima en 424.000 litros de agua y era la mayor entre los pozos y cisternas de la ciudad.