El salame ferrarese o salami de ajo, ya mencionado en los textos renacentistas, se prepara tradicionalmente desde el 30 de noviembre, día de San Andrés, hasta finales de enero, siguiendo los tiempos y las formas de la tradición transmitida por los carniceros de Ferrara. El salami con ajo se elabora utilizando las partes más nobles del cerdo como, por ejemplo, el lomo, la paleta y el jamón. A continuación, se añade sal y una larga lista de sabores a la pata, cuya composición varía de familia en familia y según la inspiración del carnicero. La maduración continúa durante la temporada de invierno en habitaciones sin calefacción, pero con un buen grado de humedad para que se pueda formar moho en la superficie exterior del salami. Sólo en primavera el salami está listo para ser degustado, la llamada "prueba de la rebanada".