El Teatro Regio de Parma nació por iniciativa de la duquesa María Luigia, que consideraba el teatro Farnesio demasiado modesto para reflejar las aspiraciones de la ciudad. Así, entre 1821 y 1829, sobre la base de un diseño de Nicola Bettoli, se construyó el Teatro Ducal, que se inauguró el 16 de mayo de 1829 con Zaira, compuesta especialmente por Bellini para la ocasión. El teatro cambió de nombre a la muerte de Maria Luigia, convirtiéndose primero en el Teatro Reale bajo los Borbones en 1849, y luego adoptando el nombre definitivo de Teatro Regio en 1860. En 1868, el Estado cedió el Teatro Regio a la ciudad de Parma, por considerarlo un lujo económicamente insostenible. La fachada del teatro es de estilo neoclásico y está dividida en cuatro partes. La primera parte consta de un pórtico arquitrabado, la segunda de cinco ventanas con tímpanos triangulares, y la tercera presenta una ventana central flanqueada por dos "famas" en bajorrelieve creadas por Tommaso Bandini; finalmente, la última parte presenta un tímpano con una lira y dos máscaras antiguas.
El vestíbulo del Teatro Regio, de forma cuadrada y con un techo lacunar sostenido por dos filas de cuatro columnas, se utiliza actualmente para pequeños espectáculos. La bóveda del vestíbulo presenta frescos de Giovan Battista Azzi y Alessandro Cocchi, mientras que las paredes fueron decoradas por Stanislao Campana.
El patio de butacas, decorado por Girolamo Magnani, tiene forma elíptica, y se puede acceder a él de forma central desde el vestíbulo o de forma lateral para llegar a los ciento doce palcos que lo componen. En el centro de esta última se encuentra el palco de los duques. La galería, en cambio, tiene acceso independiente.
En cuanto a la decoración del Teatro Regio, el trabajo se encomendó a Giovan Battista Borghesi, que representó a los más grandes dramaturgos como Eurípides, Séneca, Goldoni, Plauto, Aristófanes, Metastasio y Alfieri. El telón, también pintado por Borghesi, representa el "Triunfo de la Sabiduría" en honor al gobierno de María Luisa.