La historia de este incrdible descubrimiento comenzó hace quince meses, cuando un grupo de estudiosos encabezados por los hermanos Raffaello y Giandomenico Glinni comunicaron al mundo que habían encontrado la tumba de Vlad Tepes, el empalador, en el pequeño claustro de Santa María La Nova de Nápoles. Según estos estudiosos, el cuerpo de Drácula fue llevado a Nápoles por su hija, María, que, según Glinni, se había casado con un noble napolitano. Por supuesto, la historia aún no está establecida y no está respaldada por ningún documento oficial. Pero en un intento de llegar al fondo del asunto para aclarar si se trata de un hecho o de una fantasía, nuestro periódico ha reunido a un equipo de expertos que están estudiando todos los detalles de esa tumba para descubrir la verdad y determinar, con claridad, si el sanguinario guerrero puede estar realmente enterrado allí. El equipo está formado por tres espeleólogos, Luca Cuttitta, Enzo De Luzio y Mauro Palumbo; una historiadora, Laura Miriello; un restaurador, Francesco Manes; y un experto del Observatorio del Vesubio, Fabio Sansivero. El primer examen, realizado por el propio Sansivero con una cámara de imagen térmica, mostró un detalle inexplicable: una pequeña porción de la tumba emana el doble de calor que el resto del mármol. Obviamente no es un rastro que aclare si el cuerpo de Vlad Tepes está allí. Sin embargo, fue precisamente a partir de ese punto "caliente" en la base del mármol del enterramiento cuando se empezó a investigar más a fondo. Los espeleólogos analizaron cada porción del mármol hasta que descubrieron una antigua grieta por la que consiguieron introducir una microcámara que empezó a desvelar los secretos de la misteriosa tumba. Del primer detalle ya hemos hablado. Hay una cruz, cuya parte inicial también es visible desde el exterior: parece una cruz de Cristo para quien mira la tumba. En cambio, la parte que se extiende por detrás del mármol esconde un secreto: es en realidad una cruz del diablo, un sello de Satanás, según ha confirmado la historiadora Laura Miriello. La exploración del interior, gracias a la microcámara, ha revelado otros detalles igualmente inquietantes. En el mármol hay grabada una cabeza, en la que está pegada una cruz. Un poco más adelante hay otro grabado, realizado a la perfección: se trata de una serie de círculos concéntricos, como la antigua representación del Cosmos, y en el borde exterior aparecen los números esotéricos de los pitagóricos: 1, 2, 3, 4, 10. "Cada detalle de este simbolismo merece ser investigado", dice claramente el historiador Miriello, "en la actualidad no hay ninguna explicación lógica para esta secuencia de grabados. Será necesario un largo y cuidadoso estudio antes de dar respuesta a este misterio que se esconde tras ese mármol". Por ahora, no hay certezas, o más bien una certeza: no ha surgido ningún elemento que permita afirmar que se trata realmente de la tumba de Drácula. Y ni siquiera los estudios históricos realizados hasta ahora aportan ninguna confirmación a la hipótesis inicial de los hermanos Glinni. Pero esos signos esotéricos y demoníacos dentro de una tumba en una iglesia franciscana, en el corazón de Nápoles, están ahí.