El cuadro, que representa un momento particularmente intenso de la hagiografía franciscana, tiene una historia crítica reciente, ya que fue relacionado con Caravaggio por el historiador del arte Roberto Longhi en 1943, como obra probablemente de un imitador de calidad, si no una copia fiel de un original. En 1951 se incluyó en el catálogo de la célebre exposición del Palazzo Reale y, en esa ocasión, Danis Mahon afirmó que se trataba de un original fechable en 1606, una de las primeras obras del periodo napolitano del pintor. A lo largo de los años, la atribución a Caravaggio convenció cada vez más a los estudiosos, hasta la limpieza de 1986, que, destacando la calidad técnica, borró casi todas las dudas de atribución. Las primeras noticias sobre el cuadro se remontan a 1836, cuando el marqués Filippo Ala Ponzone lo donó al Ayuntamiento de Cremona.