El jardín, en pleno centro histórico, existe desde el siglo XV y está rodeado de los palacios que pertenecieron a las familias nobles de Rávena. Este rincón verde, a la sombra de la cúpula de la Catedral y detrás del Baptisterio Neoniano, es hoy un tesoro escondido de paz y belleza. Se ha conservado el trazado del siglo XIX, que todavía tiene una pequeña fuente de hierro forjado en el centro, y se han reconstruido filológicamente los lechos de hierbas mediterráneas y otras especies menos conocidas, transmitidas en los recetarios de los boticarios. Así, hoy es posible tomar el té entre plantas de alcaparra y retama de carnicero, o entre las verduras de nuestros jardines, como la achicoria y la alcachofa.