El palacio Chigi Saracini, a pesar de ser tan céntrico, esconde muchas sorpresas: una de ellas es su biblioteca musical, abierta a todos, que alberga unos 75.000 volúmenes, en parte fruto del legado y la colección de la familia Chigi Saracini, y en parte constituida durante las actividades de la Academia de Perfeccionamiento Musical iniciada por el conde Guido Chigi Saracini en 1932, que sigue siendo un punto de referencia para el mundo del profesionalismo avanzado en la música clásica. La biblioteca, esencialmente musical, conserva obras muy raras, entre ellas manuscritos iluminados, primeras ediciones y, sobre todo, partituras originales dedicadas al conde, verdadero mecenas de las artes: la más famosa es probablemente la Suite della Tabacchiera de Ottorino Respighi, que la compuso inspirándose en una de las tabaqueras del conde, decorada en realidad con un motivo musical. La pasión del conde por la música, incluso antes de comenzar su clase magistral, le llevó a cambiar radicalmente la estructura medieval de algunas de las habitaciones de su palacio, para hacer una sala de conciertos al estilo vienés: la sala tiene capacidad para más de doscientas personas, pero en el lado izquierdo del escenario hay una puerta que conduce a una sala de estar desde la que el conde prefería escuchar las actuaciones en privado. Otra curiosidad, que también es el motivo por el que se iniciaron las clases magistrales: el conde era un organista aficionado, y mandó construir un majestuoso órgano: tiene 4200 tubos, en parte ocultos tras los muros, que ocupan dos plantas del palacio. Este excepcional instrumento atrajo a muchos músicos, entre ellos Fernando Germani, que inició los cursos de órgano avanzado. Los alumnos ensayan en las salas monumentales del palacio, entre los extraordinarios objetos de la colección del conde. Es bueno recordarlo en cada visita, o cuando, en verano, las notas se escuchan en las calles adyacentes al palacio.