La Contrada del Leocorno ha decidido abrir las puertas de sus tesoros, su iglesia y su museo a todo el mundo todos los días: una decisión nada fácil si se tiene en cuenta qué es una Contrada y cómo funciona. De hecho, todo el trabajo, el cuidado, la atención a la existencia misma de la Contrada se debe a los contradaioli, personas que le dedican su tiempo y su dinero de forma totalmente voluntaria. Cada Contrada cuenta con una iglesia (donde, entre otras cosas, justo antes de correr el Palio se bendice el caballo que ha sido elegido), una pila bautismal y, además de grandes espacios comunes propiedad de la propia Contrada, para uso de sus propios habitantes y de los invitados, un museo. Aquí se conservan estandartes, trajes, documentos y particularidades de la historia centenaria de cada Contrada: además de esto, la colección incluye los Palios ganados en la historia. Tuvimos la oportunidad de visitar la Contrada del Leocorno y lo primero que aprendimos es que en ella hay roles bien definidos, algunos válidos para tiempos de paz (en la práctica, todo el año) y otros para los llamados tiempos de guerra (es decir, para los periodos en que se corre el Palio). Nombres y funciones que vienen directamente del pasado medieval de la ciudad identifican al cajero de la Contrada (el Camarlengo), al Jefe de la Contrada (el Prior), al responsable de la Contrada durante el Palio (el Capitán) y a su ayudante (el Mangino).