Aquí, el tiempo parece casi haberse detenido en el siglo XI. La iglesia de San Benito, poco conocida y aún abierta al culto, es una de las más bellas expresiones de la esencialidad que distingue al arte normando. Está anunciada por un enorme campanario románico con tres ventanas de luz y pequeños arcos, que sobresale en la Via Marconi, y se accede por el lado izquierdo, con arcos ciegos, a través de una puerta del siglo XI, con un hermoso marco tallado en tejidos que recuerda tanto a los objetos de mimbre. Fíjense en el soberbio bajorrelieve del arquitrabe: la escena de caza representada es de fina factura y simboliza la lucha entre el bien y el mal, que se muestra aquí en los cazadores que atraviesan dos leones y un dragón alado. En el interior, una bóveda de crucería, tres naves, una sucesión de pequeñas cúpulas, pequeñas columnas, ricos capiteles románicos y una Virgen con el Niño, una escultura en piedra local roja con decoraciones en oro y azul. Pero lo mejor está por venir: desde la sacristía, a través de una pequeña puerta, se accede a un encantador claustro cuadrado, perteneciente al antiguo monasterio contiguo, rodeado de un pórtico con ventanas, columnas de mármol griego y capiteles sobre los que hay leones, carneros, bueyes y adornos florales. En particular, mirad lo que queda de los frescos: hay una Anunciación con la Virgen que, en el momento del anuncio, aparece inusualmente dispuesta a coser con la aguja entre los dedos, y no a girar, como suele ser el caso.