Aunque la casa-museo del gran comerciante Francesco Datini puede parecer familiar a los habitantes de Prato, muy pocos conocen algunos de sus detalles, o al menos su interpretación. Las habitaciones más representativas de la notable residencia, terminada en 1354, muestran interesantes apuntes históricos, sociales y personales sobre el señor de la casa, su esposa, su trabajo y su vida en el Prato de finales del siglo XIV, extraídos del vasto archivo del mercader, de importancia única en el mundo. Las habitaciones conservan el suelo de cocciopesto original y están ricamente pintadas al fresco: la imagen de San Cristóbal, en el lado de la puerta principal, es preciosa, protege del "malamorte" (muerte súbita sin posibilidad de redención). También destacan los frescos del "jardín", que embellecen lo que fue la sala de recepción de clientes e invitados: los restauradores creen que estas pinturas pretendían reproducir en un interior el jardín que en su momento estaba frente al palacio, y que se podía vislumbrar a través de las ventanas. El jardín pintado se ha idealizado con la adición de varios animales, entre ellos un gato de angora y cigüeñas, que eran posibles para el lugar pero poco probables, lo que quizá significa que, si se mira con atención, se puede encontrar más de lo que normalmente se concibe. O, por el contrario, esos exotismos pretendían dejar claro que lo que aún no estaba disponible se llevaría a Prato desde esa casa.